Ernst H. Gombrich, Breve historia del mundo
"A todas aquellas desgracias y desesperación (Guerra de los Treinta Años, epidemias...) se sumó otra nueva y terrible locura que se apoderó entonces de un número creciente de personas. Era el miedo a la magia negra, a la brujería y a las brujas. Ya sabes que en la Edad Media la gente era supersticiosa y creía en todo tipo de fantasmas, Pero, entonces, la situación no había sido tan mala.
Las cosas empeoraron ya bajo aquellos papas amantes del poder y el lujo del período que llamamos Renacimiento, la época de la nueva iglesia de San Pedro y del comercio con las bulas, en otrno al año 1500. No eran piadosos, pero, en cambio, eran tanto más supersticiosos y tenían miedo al demonio y a toda clase de magia. Cada uno de los papas que, alrededor del 1500, hicieron famosos sus nombres para siempre con magníficas obras de arte, dio también órdenes crueles para perseguuir con auténtico celo a magos y brujas, sobre todo en Alemania.
Te preguntarás cómo se podía perseguir algo que ni existe ni existió. Pero eso era precisamente lo más horrible. Cuando en un pueblo no se quería a una mujer, cuando a la gente le resultaba inquietante o incómoda, se decía de pronto: <<¡Es una bruja! Tiene la culpa de la granizada>>; o <<Ella es la culpable del lumbago del alcalde>>. A continuación era encarcelada y se le preguntaba si estaba aliada con el demonio. Ella, por supuesto, decía aterrada que no. Pero entonces la torturaban y martirizaban con la mayor crueldad y durante tanto tiempo que, medio muerta de dolor y desesperación, admitía las acusaciones. Y aquello era su fin, pues ya había confesado ser una bruja y, por tanto, era quemada viva. En general, durante la tortura, conocida con el nombre de tormento, se le solía preguntar si sabía de otras brujas en el pueblo con las que se había dedicado a realizar encantamientos. Algunas, por pura debilidad, mencionaban algunos nombres que se les ocurrían en ese momento, sólo para que cesara la tortura; entonces se encarcelaba también a las citadas, se obtenía de ellas igualmente una confesión por la fuerza y se las quemaba en la hoguera. Pero lo peor fue el miedo al diablo y a la brujería en la espantosa época posterior a la Guerra de los Treinta Años. Se llevó a la hoguera a cientos y miles de personas en todas partes del país, tanto en las católicas como en las protestantes. No sirvió de mucho que algunos sacerdotes jesuitas amonestaran contra aquella locura. La gente vivía entonces con un miedo constante y angustioso a los poderes desconocidos de la magia y las artes del diablo, y sólo ese miedo puede hacer comprensibles todos los horrores cometidos contra tantos y tantos miles de personas inocentes".
Ernst H. Gombrich, Breve historia del mundo, Barcelona, Península, 1999.
Estos fragmentos son de las páginas 222 y 223. Este libro fue escrito por Gombrich (1909-2001) para su hija Elsie en 1935, y alguna parte en 1998 (posiblemente el capítulo final, pues menciona las televisiones, los ordenadores, los viajes espaciales y la energía nuclear).
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