Roberto Brasero: sobre los cambios del clima

 "Con un calentamiento global que empezó hace unos 20.000 años la Tierra comenzó a poner fin al último máximo glacial, y el clima nos llevó al período de la historia geológica en e que aún estamos: el Holoceno, que comenzó hace unos 11.700 años. Pero, tras el gran calentamiento inicial y en un nuevo ejemplo de su constante fluctuación, el clima volvió a enfriarse hace unos 5500 años y se volvió sobre todo más seco. Ante el avance del desierto, la humanidad buscó las zonas fértiles que aún resistían, y en torno a los grandes ríos puso en marcha su ingenio para garantizar la supervivencia: en el Indo, en el Nilo o entre el Éufrates y el Tigris surgen las primeras civilizaciones. [...]

Una Roma abierta y expansiva no se entendería del todo sin las habitualmente cálidas temperaturas, más altas que las actuales, que acompañaron los años de esplendor del Imperio romano. Durante la Alta Edad Media, el torno al año 1000, se encadenaron varios siglos en los que predominaron los inviernos suaves y los duros temporales eran menos frecuentes. En ese periodo las buenas cosechas de cereales aseguraban el alimento y la población europea se triplicó; la superficie cultivable ganó terreno a los bosques y se podía hacer vino hasta en el sur de Inglaterra. Mientras tanto, los noruegos de Erik el Rojo colonizaron Groenlandia gracias a la ausencia de grandes hielos que dificultaran la navegación hacia el oeste. Las aguas del Atlántico norte eran menos frías porque el clima era más cálido -y viceversa-, y eso también influyó en que modificaron su hábitat especies como el bacalao, que buscaron otros mares que habitar y propiciaron el desarrollo de florecientes industrias pesqueras. Tras el Periodo Cálido Medieval, Europa conocería una nueva fluctuación climática que nos devolvería durante así cinco siglos a condiciones más frías y de una gran variabilidad: duros inviernos de fuertes temporales que alternarían con años de intensa sequía o incluso algunos de calores extremos. Pero fueron sobre todo los años fríos, incluso alguno sin verano, los que protagonizaron la que ha sido denominada Pequeña Edad de Hielo, que abarca desde el siglo XIV hasta mediados del XIX. Ese fue el periodo en que no era tan raro ver nevar a orillas del mar o en que se helaban con frecuencia los grandes ríos: sobre las aguas del Támesis se podía instalar una feria que en algunos inviernos llegaba a estar más concurrida que los teatros del centro de Londres".

Roberto Brasero, La influencia silenciosa. Cómo el clima ha condicionado la historia, Barcelona, Espasa (Planeta), 2017. 



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