Lovecraft, "La casa maldita"

 "Rara vez deja de haber ironía incluso en el mayor de los horrores. Algunas veces forma parte directa de la trama de los sucesos, mientras que otras sólo atañe a la posición fortuita de éstos entre las personas y los lugares. Un magnífico ejemplo de este último caso puede encontrarse en la antigua ciudad de Providence, donde acostumbraba a ir Edgar Allan Poe, a mediados del siglo pasado, durante su infructuoso galanteo a Mrs. Whitman, poeta de excelentes dotes. Poe solía parar en la Mansion House -nuevo nombre de la Hostería de la Bola de Oro, cuyo techo cobijó a Washington, a Jefferson y a Lafayette- y su paseo preferido era hacia el Norte, por la misma calle, donde se encontraban la casa de Mrs. Whitman y el vecino cementerio de St. John, situado en la falda de la colina, cuyo recoleto recinto, con abundancia de lápidas del siglo XVIII, le fascinaba de manera especial". 

H. P. Lovecraft, "La casa maldita", En las montañas de la locura, Madrid, Alianza Editorial, 1983, pp. 145-177.

Así comienza H. P. este relato, como un paseo por la historia de Providence. Luego se convierte en la típica narración lovecraftiana sobre una casa impregnada de presencias inefables, abominables, malignas, asesinas y numinosas. 



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