Hermann Hesse, Bajo las ruedas

 "Herr Joseph Giebenrath, comisionista y agente comercial, no se destacaba de sus conciudadanos por ningún mérito o singularidad. Tenía, como ellos, una figura maciza y sana, un mediano talento para el comercio, unido a una profunda y cordial veneración por el dinero, además de una pequeña casa con jardín, un panteón familiar en el cementerio, una religiosidad un poco racionalista y algo inconsistente, un razonable respeto de Dios y de la autoridad y una sumisión ciega a los férreos mandamientos del decoro burgués. Bebía alguna copa, pero nunca se emborrachaba. Hacía, de vez en cuando, negocios no del todo correctos, pero nunca los llevaba más allá de los límites convencionalmente permitidos. Insultaba a los más pobres llamándoles muertos de hambre, y a los más ricos tachándoles de ricachos".

   "Y es que en teología sucede como en las demás cosas. Hay una teología que es arte y otra que es ciencia o que se esfuerza al menos en serlo. Esto era así tanto en tiempos pasados como en nuestros días, y los científicos siempre se han olvidado del vino antiguo ante los nuevos odres, mientras que los artistas, manteniendo despreocupados algún error externo, han traído consuelo y alegría a muchos. Es la eterna y desigual lucha entre crítica y creación, ciencia y arte, en la que siempre tiene razón aquélla sin que eso le sirva a nadie para nada; ésta, sin embargo, siembra una y otra vez la simiente de la fe, del amor, del consuelo, de la belleza y de la esperanza eterna, y encuentra siempre buen suelo. Porque la vida es más fuerte que la muerte, y la fe más poderosa que la duda". 

Hermann Hesse, Bajo las ruedas, Madrid, Alianza Editorial, 1979.  

Unterm Rad, 1906

https://youtu.be/RFxX8Wenju8  Asfalto: Capitán Trueno 

 








 

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