George Kubler, La configuración del tiempo
"Si la plenitud de la historia es siempre indigerible, la belleza del arte es usualmente incomunicable. El rapsoda puede sugerir algunas claves para la experiencia de la obra de arte, si él mismo la ha experimentado; puede tener la esperanza de que sus consejos ayudarán a quien los escuche a reproducir sus propias sensaciones y procesos mentales. Pero los historiadores no constituyen eslabones intermedios, y su misión reside en otro lugar".
"La contribución especial del historiador es el descubrimiento de las múltiples formas del tiempo. La misión del historiador, al margen de su erudición especializada, es representar el tiempo. Tiene el compromiso de revelar y describir la forma del tiempo. Traspone, reduce, compone y colorea un facsímil; como el pintor que en la búsqueda de la identidad de su asunto tiene que descubrir un conjunto de propiedades modeladas que permitirán reconocerlo aunque transmita una nueva percepción".
"Para las formas del tiempo necesitamos de un criterio que no sea una mera transferencia por analogía de la ciencia biológica. El tiempo biológico consiste en duraciones ininterrumpidas de longitud estadísticamente predecible; cada organismo existe desde que nace hasta que muere, según una esperanza de vida 'supuesta'. El tiempo histórico, en cambio, es intermitente y variable. Cada acción es más intermitente que continua, y los intervalos entre acciones son infinitamente variables en duración y contenido. El final de una acción y su principio son imposibles de determinar. Los racimos de acciones se hacen más o menos densos según una distribución que nos permite alguna objetividad al señalar principios y fines. Los acontecimientos y los intervalos entre ellos son los elementos que modelan el tiempo histórico. En el tiempo histórico atrae nuestra atención el tejido de aconteceres que se enlaza a través de los intervalos entre las existencias".
"El tiempo, como la mente, no es cognoscible como tal. Solamente conocemos el tiempo indirectamente por lo que sucede en él, por la observación del cambio y lo que permanece, por el señalamiento de la sucesión de acontecimientos entre marcos estables e indicando el contraste de varias clases de cambios".
George Kubler, La configuración del tiempo, Madrid, Nerea, 1988.
The Shape of Time, Yale University Press, 1962.
Esta edición está ampliada respecto a los contenidos originales. También incluye una considerable introducción de Thomas F. Reese. Los fragmentos transcritos son de las páginas 69 y 70.
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