Luis Sepúlveda, Un viejo que leía novelas de amor

    "Los gringos querían llegar bien adentro y fotografiar a los shuar. No sé qué les gusta tanto de esos indios en pelotas. El asunto es que el colono los guió sin problemas hasta las inmediaciones de la cordillera del Yacuambi, y dicen que ahí les atacaron los monos. No les entendí todo, porque vienen histéricos y todos hablan al mismo tiempo. Dicen que los monos mataron al colono y a uno de ellos. No puedo creerlo. ¿Cuándo se ha visto que los micos maten a las personas? [...]

   - Hay demasiadas cosas que usted no entiende, y yo tengo muchos años de monte. Escuche. ¿Sabe cómo hacen los shuar para entrar al territorio de los monos? Primero dejan todos los adornos, no portan nada que pueda picarles la curiosidad, y los machetes los empavonan con corteza de palmera quemada. Piense. Los gringos, con sus máquinas fotográficas, con sus relojes, con sus cadenas de plata, con sus hebillas, cuchillos plateados, fueron una provocación brillante para la curiosidad de los monos. Conozco sus regiones y sé cómo actúan. Puedo decirle que si a uno se le olvida un detalle, si lleva consigo algo, cualquier cosa que atraiga la curiosidad de un mico y éste se baja de los árboles para tomarlo, ese algo, lo que sea, es mejor dejárselo. Si por el contrario uno presenta resistencia, el mico se largará a chillar y en cosa de segundos caerán del cielo cientos, miles de pequeños demonios peludos y furiosos". 

Luis Sepúlveda, Un viejo que leía novelas de amor, Barcelona, Tusquets, 1993. 

Buena novela. Y corta. Lo bueno, si breve, dos veces breve. 








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