Luis Suárez Fernández: sobre Torá, Talmud y Qabbalá
"Los judíos dividen los libros bíblicos en tres series, Torá (Ley), llamada por los cristianos Pentateuco -es donde se contienen los 613 preceptos que obligan a todo judío-, Nebi'im (Profetas) y Ketubi'im (Escritos). Los cristianos utilizaban el texto que tradujera San Jerónimo, tomando como original la versión alejandrina llamada de los Setenta, que es la que se conoce bajo el nombre de Vulgata latina. Había libros considerados canónicos por la Iglesia, que eran reputados como apócrifos (escondidos) por los rabinos. De ahí nació un primer distanciamiento. [...]
En las escuelas judías la base de la enseñanza estaba constituida por la Miqrá, es decir, la lectura de la Ley escrita; pero simultáneamente con ella se transmitían comentarios que tenían origen muy antiguo y se llamaban Misná, literalmente <<repetición>>. Los fariseos, que tomaron a su cargo la reconstrucción del espíritu religioso nacional, afirmaban que la Misná obligaba a su cumplimiento tanto como la Torá. Pero los saduceos, que negaban la resurrección de los cuerpos muertos, y rechazaban cuanto no fuese la lectura simple de la Ley, se les opusieron. El fariseísmo fue quien dio carácter a los judíos españoles. [...]
Las escuelas rabínicas de Palestina y Babilonia recogieron, entre los siglos II y VII de nuestra Era, los estudios y enseñanzas en torno a la Misná, fijándolos por escrito. A esta obra única es a la que se llama Talmud. El Talmud, cuya primera edición bilingüe, en hebreo y castellano, está a punto de concluirse, se compone en realidad de dos elementos, el texto, que es la Misná, y el comentario llamado Guemará. Se ha conservado en dos grandes compilaciones incompletas: la palestina, llamada impropiamente Talmud de Jerusalem, y la de Babilonia; es necesario emplear ambas para obtener la obra completa. Desde el siglo XIII los cristianos españoles consideraron que el Talmud era una obra peligrosa, que contenía además injurias contra su propia religión; para ellos se trataba de un libro desconocido escrito en una lengua indescifrable.
La evolución semántica que, en nuestro idioma, ha sufrido la palabra Qabbalá y el concepto de lo cabalístico, resulta más significativa. Pero el famoso rabino Ibn Rasí, en el siglo XI, la definía como <<la doctrina y costumbre que hemos recibido de nuestros maestros>>. En realidad, Qabbalá significa <<tradición>>. Tuvo en España enorme importancia; fue aquí en donde se elaboró el Zohar, libro canónico de la Qabbalá, a través del cual se organizó como un sistema místico que daba de la Escritura interpretaciones alegóricas. Su influencia sobre algunos humanistas fue muy considerable. [...]
Los qabbalistas proponían tres métodos para desentrañar el sentido profundo de la Escritura: a) el matemático (Gematriah), que consiste en atribuir a cada un de las letras de la frase su valor numérico -en hebreo no existen guarismos y se emplean las letras como cifras; b) el de siglas (Notarikon), que descompone cada palabra en sus letras y se sirve de éstas como iniciales de nuevas palabras que permiten formar frases; y c) el de conmutación (Temurah) que consiste en obtener nuevos significados colocando las letras de cada palabra en orden diferente. La Qabbalá apareció en Castilla asociada a un movimiento pietista de reforma".
Luis Suárez Fernández, Judíos españoles en la Edad Media, Madrid, RIALP, 1988, pp. 32-34.
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